Anécdotas de un Miope

Licencia Creative Commons
Este obra de Dai Weird está bajo una licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 3.0 Unported.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en http://www.facebook.com/DaiWM.

February 19, 2012 11:53 pm

Historia de dos hermanas

Gracias a la vida, por sentarse paciente a que sanaran mis heridas. Gracias hermosa ninfa de cadenciosas caderas, por darme de tu alma el oxígeno que necesitaba.

Gracias por esperar paciente cuando ultrajaba la serenidad de tu estirpe, que fue mi mejor amante aún en los momentos más febriles.

Gracias por aceptar sin cuestionamientos que mi alma era libre y que necesitaba más de lo que tú podías darme.

¡Oh mujer! ¿Sabes cuál ha sido mi pecado más profundo? ¿el más prohibido? ¿el más gozado?

Todos.

Todos y cada uno, repetidos aleatoriamente en el vientre de tu hermana.

Todos tan fugaces, pero tan dolorosos que se han clavado en lo profundo ¿los has visto?

No te culpo por querer dejarme ahora que sabes mi oscuro secreto, por haber esperado tanto tiempo hasta que la ira en tus venas calcinó tu sangre.

¿Qué pasaba por tu mente en aquellos momentos cuando poseía a tu imagen alterna en la oscuridad del holocausto? ¿Fue acaso un sueño? ¿Un sueño horrible donde vencía infraganti con el arma del delito aún ardiente?

Desgracia. Si no hubieses sabido, si te hubieses abstenido en tus deseos curiosos de conocer mi objeto de deseo.

Y ella, la autora de tu desgracia, hinchada de éxtasis por la alegría que le provocaba tu llanto. Permaneció hasta que los pedazos más insignificantes de tu perfil se desmoronaron con el viento.

Mujer, gracias, y perdóname; por tomarte entre mis manos, por sofocar tu aliento, por apretar tu frágil sostén. Perdóname por robarte los segundos que cargabas en tus párpados y los sueños que jamás tuviste. Perdón, porque hasta en el último momento me hiciste sentir dichoso.

¿Cómo saber que al bañarme en tu sangre fría y pútrida firmaría mi sentencia?

Ella me esperaba, altiva y gustosa, en el filo de la miseria. Sonriente y de las palmas sinceras, la tomé de la mano en un acto desesperado de comunión. Se lanzó al abismo. Su mano prensil se adhirió a la mía y caímos a la inmensidad y una sonrisa sarcástica se dibujo es su rostro.

‘Hasta aquí llegaste’ me susurró al oído. Viré a la derecha, para ver su rostro absurdo y… desapareció en la caída, se desvaneció tan efímera como siempre. Seguí bajando, cada vez más deprisa. Sin poder sostenerme, ni alzar al aire grito alguno, me estrellé con el subsuelo frío y etéreo. De mi cráneo comenzó a manar la sangre que no era mía ni de nadie conocido, fue cuando te vi, ahí, en medio de mi penumbra, dispuesta a abandonarme para siempre…

December 31, 2011 3:49 pm

Viento de año nuevo

Abrí la puerta y un chirrido espeluznante acompañó el movimiento. Debí recordarlo pues aquella no había sido la primera vez que ese sonido me erizaba la piel. Lo siguiente que percibí fue el ambiente frío que comenzaba a escaparse. Me arrepentí de no llevar más abrigo que lo que traía puesto y entré.

Habían pasado quizá dos meses desde la última vez que había estado en esa habitación, encendí la luz y observé los objetos que comenzaban a empolvarse por falta de movimiento. Me lamenté de encontrarme en aquel lugar ahora que estaba tan sombrío que parecía muerto. Traté de recordar, sin éxito, memorias dulces que me hicieran ver lo equivocada que estaba al huir, pero no hubo nada. No pude recordar ni una chispa de felicidad en ese sitio, me senté en el suelo y fijé mi vista en el techo, tan vacío y áspero, las cortinas verde bandera que tanto odiaba y el sonido desesperante del vecino de arriba. Todo estaba tal y como lo había dejado aquella tarde de Noviembre.

Ahora tirada en la alfombra sucia color ladrillo todo parecía más claro. El olor, el sabor del viento melancólico de lo que se sabe abandonado me entró por cada poro y me hizo sentir una intrusa. Aquel lugar ya no era el que había sido mi hogar hace un par de meses atrás, ahora ya no pertenecía a nadie, solo al tiempo.

Me levanté, tomé una bolsa y me dirigí a la alcoba. Coloqué cada prenda que había olvidado y la metí dentro; cuando se lleno la primera saqué una nueva y continué la operación, vaciando cajones, armarios y cajas de mis objetos personales, borrando así el paso de mi existencia de aquel sitio.

Más de una vez me sorprendió que los objetos de él aún siguieran ahí, esperando su regreso. ‘Él no volverá, no lo soportaría…’

Cuando terminé tenía un total de 8 bolsas que anhelaban volver a casa conmigo, pero no tenía fuerzas para seguir. Me senté en el sillón más cercano y una cortina de polvo se alzó. En ese momento sonó mi reloj marcando ’12:00 am’ y en seguida se dejó oír el murmullo de la ciudad entera…

‘¡Feliz Año Nuevo!’

Gritaban al unísono hasta convertirse en un discurso revuelto y desordenado, seguido del golpeteo de la pólvora en el cielo nocturno. Recordé porque había elegido ese día y no otro. Para explicaciones complicadas, quería atar los cabos sueltos, para los simpatizantes de la honestidad, deseaba faltar a la fiesta familiar que me tenía más que fastidiada.

Tomé el teléfono de bolsillo y marqué su número.

-¿Bueno?- me contestó una voz chillona y juvenil.-… ¿bueno?

Me quedé muda casi un minuto y por fin hablé.

-Hey. Soy yo solo llamaba para pedirte un favor.

-¿Acaso es para pedirme que vuelva contigo?- Me dijo con un tono triunfal.

-Eh, no. Es algo más…

-¿Entonces es para que te dejé venir a celebrar conmigo? Podríamos vernos un día de estos, me encanta la idea de que por fin me tomes en cuenta, de cualquier forma yo iba a llamarte… (Bla, bla, bla)

Sonaba tan lindo a la distancia, su voz aguda cargada de la tristeza que emanaba me hicieron un hueco en el alma. Tenía que terminar esa conversación antes de que comenzara a extrañar una cosa tan horrenda.

-Sólo escúchame, por favor. Quiero que vengas por tus cosas al departamento. Encontré un comprador hace días y es mejor que esté listo para que pueda venir a revisarlo. No te preocupes dividiremos los bienes en partes iguales.

-Pero, yo…- comenzó a replicar y colgué.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro y me levanté con energías renovadas. Tomé las bolsas con dificultad y las saqué al pasillo.

Miré por última vez el espacio, le eché llave y caminé lejos; afuera, donde la noche apenas nacía…

November 11, 2011 7:15 pm

En algún lugar donde nunca pasa nada

Hay cosas que nunca cambian. Uno espera que con el tiempo ciertos hábitos se vayan rezagando y perdure lo mejor de nuestra especie; y es una decepción, pero siempre ocurre lo contrario. Hay cosas que nunca cambian. Y la prueba más evidente es que seguimos admirando a los mismos idiotas que nos repiten cíclicamente las mismas malditas frases. Se siente como un balde de agua fría cuando te das cuenta que tu vida esta predestinada al mismo caos colectivo. Hay cosas que nunca cambian. Basta con asomarse a la ventana y percatarse de ello.

Existen cosas tan sabidas que uno se sorprende sin ganas cuando se las topa frente a frente. Hay cosas que nunca cambian. No importa donde te sitúes, las personas siempre perciben lo mismo sobre uno. Siempre hacen las mismas absurdas peticiones ¡Ahh, cómo les gusta hacerte sentir miserable!

Antes creía que mi locura me hacía sentirme igual en todas partes. Estoy segura de no ser yo el problema, he cambiado tantas veces como ha sido posible. He intentado encajar en diversos ambientes sin éxito alguno. El problema no es dónde, ni cuándo, sino quién. El problema es la gente, el resto del mundo que sigue esperando lo mismo de mí. Esperando algo que, lamentablemente, desconozco. Aquellos que me catalogaron sin siquiera conocerme. Son ellos, y no otros, los causantes de que este frustrada de muchas formas.

A veces pienso que mi paso por el mundo está determinado por un mar de gente que juzga mis acciones, que controla mi destino. Es inevitable no sentirse aprisionado en una sociedad como la nuestra, donde todo parece tener un equivalente monetario, donde lo material es lo único que importa. Tal vez me este equivocando de camino y deba seguir a mis ‘hermanos’. Tal vez, yo soy la oveja descarriada.

Me preocupa que mi ambiente no cambie en ningún momento, que las personas sigan esperando cosas imposible, que se muestren caprichosas e infantiles. Me reprocho el seguir intentando filtrarme en su cultura, el querer pertenecer al círculo. Y me duele que el mundo se muestre estático frente a mis ojos y se desmorone en pequeñas migajas de hipocresía.

October 16, 2011 9:59 pm

Pronto lo olvidé

‘¡Ya no quiero ver!’ grité y cerré los ojos. Preferí quedarme con aquella última imagen, un hombre llorando; ¿por qué lloraba el hombre? Ahora mismo no lo recuerdo, pero no es algo imprescindible. De solo recordarlo se me hace un nudo en la garganta, todo el cuerpo se enrolla en un doloroso nudo. Luego viene el frío, que se apodera de las almas. Tan fría como el invierno mental al que me sumergí cuando negué más de diecisiete veces lo que gritaba mi corazón acelerado. Que sencillo resulto fingir la elegancia del amor, lo habré aprendido en algún libro.

¡Ojala supiera cuál! Pero como acordarse si a causa del insomnio no he mirado página alguna en varios meses, y ni se hable de la escritura que mi pluma yace abandonada en un húmedo cajón de mi memoria. Sí, ahí donde también metí a la fuerza lo poco que me quedaba de cariño. Los guardé muy en el fondo junto con mis ojos alegres y le eché llave.

Fría, tonta y ciega salí a la calle. Tenía huecos en todas partes pero aún así podía andar, al final era lo único que importaba. Admiré al mundo sin darme cuenta, como el resto de la gente omití por completo la contemplación de mi mundo natural y me dejé llevar hacia el abismo. Las palabras desaparecían de mi cabeza, se evaporaban con el brillante sol de mi ignorancia y el vacío en mi interior se hizo cada vez más presente.

El aire que inhalaba me dolía, gas ácido que corroía todo a su paso, sentía navajas en el vientre con cada ingesta de alimento y en las noches los mares profundos de mis cuencas vacías me mantenían en vela hasta el amanecer. No comía, no dormía y de no necesitarlo habría dejado también de respirar, pero el dolor me reponía de la inmovilidad post mortem. Jamás lo supe hasta ahora, pero yo morí el día que cerré los ojos por primera vez, cuando quise ocultarme y mentirme con ‘todo está bien’. Cada lágrima derramada equivalía a un segundo menos en mi conteo vital, cada grito ahogado se clavaba en una de las miles fibras nerviosas que tengo en la comuna vertebral. Ahora todo caía por su propio peso, se derrumbaban columnas enteras con un soplo discreto, se terminaba el sueño idílico, por falta de equilibro, por falta de pasión…

August 10, 2011 5:05 pm

El origen de las espinas

‘El amor es como una planta y hay que regarla todos los días…’ Algo así va una frase coloquial que alguna vez oí. Es una mentira, las plantas que he criado siempre mueren; a pesar de procurarles los mejores cuidados, regarlas cuando necesitan y alejarlas de malas compañías, se secan irremediablemente. Estúpidas plantas suicidas. Así desistí de mi sueño de infancia de ser jardinera, y no por falta de vocación, mas bien por falta de tacto. Lo más cercano a mi sueño utópico son plantas de plástico y aroma floral en atomizador.

En el amor me va igual o peor. Si lo cuido en exceso muere, y si lo descuido no puedo deshacerme de él. Relaciones de pareja, amor de familia, de amigos, a la vida… Todos van muriendo lentamente, los más resistentes se aferran a mi brazo izquierdo y se niegan a abandonarme. Y el dolor se hace presente, no solo en el brazo por amor, también en los hombros por los recuerdos. He descubierto que mi falta de tacto parece un amor al pasado, y no me deja amor para nada más. ¿Cómo dejar de añorar lo vivido? ¿Cómo soltar los recuerdos? ¿Sería mejor abandonarlos, alejarlos de mí? La verdad me gusta el peso de la nostalgia, el eterno deseo de muerte y los toques trágicos que opacan la esperanza. Y me gustan los recuerdos en almíbar, sobre todo a media tarde cuando todo es más oscuro.

Los recuerdos son cartas dirigidas al olvido, iguales a los versos de un poeta enamorado que sueña con encontrar algún día a su musa. Versos destinados al exilio que nunca serán vistos por otro par de ojos.

¿Y qué pasa cuando el poeta encuentra a un amante? Deja de escribir y da su primer paso hacia la muerte, se acepta mortal, tan ordinario como el resto de la humanidad. Ya no idealiza a la musa de sus sueños. Los versos toman la forma del amante; no más musa, no más soledad, no más versos… el poeta enamorado del amor, se enamora del objeto. Se deja caer vulnerable en las redes del depredador que alimenta su delirio, y le duele el brazo de amor, los hombros de nostalgia y el corazón… ¿por qué le duele el corazón? Demasiado tarde, lo ha perdido. El poeta yace sin corazón, muere, se marchita como una flor, el amor lo mata. ¿Tengo razón?

 El amor destruye, entra en el cerebro y ya en el fondo explota, te aniquila sin remordimientos; te enferma, provoca urticaria, insomnio, amnesia… El amor es veneno, él es veneno, ella es veneno, yo soy veneno. No hay cura, solo tratamiento. Tiempo, espacio y olvido; efusiones de amargura y pastillas de soledad, sobre todo en las noches, durante toda la vida.

Matar por exceso de amor y una cadena perpetua en el limbo, una soga en el cuello joven. Todo por amor. Por amor se pierden cosas, se pierde uno mismo (atrapado en la espiral profunda que es la vida) hasta que te descubres con los pies cubiertos de tierra aferrándote a ella para no morirte de amor…

July 20, 2011 4:49 pm

El día que fui hombre (Tercera parte)

En cuanto terminó de colocarla posó sus manos frías sobre las mías. El frío tacto de su piel era el mayor deleite que yo había experimentado en vida. Se acercó lentamente a mí rostro y… rozó sus labios con los míos. Me levanté con brusquedad y corrí al baño. Me sentía diferente, era hombre y mi razón me decía que lo que pasaba era poco natural. Sin embargo otra parte de mí no se sentía incómoda.

En realidad no esperaba que esa velada fuera especial. Mi amigo era algo tímido con las personas en general. Jamás lo intuí, había esperado ese momento por cinco largos años. Anhelaba esa mirada cálida que me mostraba ahora y la oportunidad de tenerlo tan cerca. No sabía si era mi nueva forma, pero él mostraba un nuevo interés en mí. Como si fuera la primera vez que me observaba con detenimiento.

Intenté tranquilizarme y, con gran voluntad regresé al lugar del que, unos minutos atrás, había dejado. Él estaba de pie, junto a la ventana, mirando al sol partir. Un nuevo ataque de pánico circuló por mis venas y retrocedí. ‘¿Pero qué demonios estoy haciendo?’. De nuevo el crujido del viejo suelo me delató. Con toda clase de disculpas se acercó rápidamente hacía mí. No quería ofenderme, estaba confundido, era nuevo esto que sentía, que jamás se había percatado, debe ser tu nueva forma, perdón, perdón, perdón… ‘¿Si fuera mujer sería diferente?’ lo reté con la mirada. ‘No me malinterpretes. Fue el momento, tenerte tan cerca…’ calló. Le creí. Comimos ¿o fue después? Los detalles no son importantes. Quisiera reservarme a lo que pasó aquella noche. Por respeto a él. Por respeto a lo que sentimos. Fue tan rápido, tan fugaz. Después de sentarnos en el sillón… ahh es tan difícil recordar de quién fue el primer pantalón solitario. Su dichoso cuerpo, tan delgado, tan hermoso. La luz del día ¿o era la luz que dicen ver algunos cuándo alcanzan el cielo? Yo no sé. Luego la noche, fina confidente. La religión convencional lo habría dictado como pecado. Por suerte los dos nos volvimos más que ateos aquella noche. Recuerdo la sombra de sus huesos a través de su piel blanca. El aroma de su alma impregnado en la mía. El volumen de la música. Tal vez no había música. Desperté como cualquier joven enamorado; adolorido y buscando los rezagos de la noche de amor. Estaba recostado en mi cama. ‘¿Cómo llegué aquí?’ Me levanté con lentitud, me sentía ligero. Intenté encontrarlo en vano. Se había ido. Sus ropas yacían esparcidas por toda la habitación que fue testigo de los hechos. Pero de él no quedaba nada. Me calmé y lo llamé. Nadie contestó, la voz de la mujer me decía que él número no existía. ‘¿Lo habré soñado?’

Me senté en el suelo. Quería recordar. ‘Fue tan real…’ En ese momento me di cuenta que mi cuerpo era menudo. Mis pequeñas manos torpes hurgaron entre mi cabello enmarañado. ‘Ya no soy hombre’. Busqué un espejo para corroborar mi descubrimiento. En efecto, mi masculinidad había dado paso a mí enclenque ser. Miré los ojos de la antigua extraña, pequeña y triste. Dos lágrimas resbalaban rápidamente por sus mejillas, mientras otras más amenazaban con hacerse presentes en cualquier momento. Todo estaba ahí de nuevo. Mis brazos delgados, mis senos pequeños, la breve cintura. ‘En como si nada hubiese pasado’. Salí del baño desanimada, crucé la habitación y me dirigí a la cocina. ‘¿Se habrá esfumado?’ Mis ojos seguían mojando mi rostro cuando miré una hoja blanca sobre la barra. El corazón me latía con fuerza. Era su letra. ‘Nos veremos pronto…’ Tres palabras, solo eso. Dejé de llorar y miré al lado de la nota. El pequeño dije de cristal esperaba frío a que decidiera. Lo tomé y lo amarré alrededor de mi cuello. Y nos quedamos colgando los dos, él de mi cuello y yo de un recuerdo, esperando, esperando.

July 11, 2011 11:02 pm

El día que fui hombre (Segunda parte)

Cuando llegué a mi casa me sentí harto de mi masculinidad. Me quité todo lo que me hacía sentir hombre, playera, pantalón, zapatos… y me tiré en el suelo y observé como se extinguía la única luz que me alumbraba. Me quedé dormido, tal vez, hasta que llamaron a la puerta. Me levanté asustado. Recordé que había invitado a mi amigo apenas unas horas atrás y que solo tenía calzoncillos puestos y busqué histérico mis pantalones. Desistí después de dar varias vueltas, ‘seguro él entenderá’. Comprobé antes de abrir que se trataba de mi amigo, lo observé ansioso por la mirilla y abrí la puerta.

Me miró de arriba abajo, con cierta curiosidad. Me sonrojé ante tal gesto y al observar mi reacción sonrío y me abrazó. ‘Vaya que has cambiado, creí que era otra de tus paranoias’ me dijo. Me contuve, pero de haber sido mujer habría llorado largo y tendido entre sus brazos. Lo dejé pasar y le ofrecí algo de tomar. Deseaba salir del marco de su mirada, me sentía espiado. ‘No, gracias; pero… ¿podrías ponerte algo encima?’. Dicho esto empecé a sentir frío, hice mi sonrisa más estúpida y corrí a buscar algo que ponerme. Encontré mi pantalón y me puse un suéter holgado.

Al regresar vi su forma pausada de caminar, jamás me había percatado de ello, ahora me gustaba. Miraba mi colección de discos y me senté en el sillón a esperarlo. El ruido de los resortes oxidados lo distrajo en su tarea y me sonrío de nuevo. ‘Disculpa, solo miraba’ me dijo. ‘Discúlpame tú, por andar medio vestido’. Sonrío. ‘Toma’ me extendió una caja redonda color negro. La tomé entre mis manos torpes y acaricie la tapa con lentitud. ‘¿Y esto?’ quise saber. No era mi cumpleaños, ni alguna fecha importante que yo recordara.

Tomé la tapa y mientras la abría dijo ‘Se que tú no te acuerdas. Es una fecha especial para mí, hace cinco años…’. ‘¿Qué pasó? ¿De qué hablas?’ ‘Aún como hombre me pareces hermosa…’

No pude evitar que la sangre subiera a mis mejillas. Bajé la mirada y quite la tapa. Debajo había una bolsita pequeña de terciopelo negro, la abrí con decisión y observé la figurilla que contenía dentro. La tomé entre mis dedos, pequeña y fría al tacto, la hermosa figurilla de cristal me dejó sin aliento. Se acercó y desapareció de mis dedos. La colgó en una cadenita, ‘¿puedo?’, asentí sin saber a qué se refería. Cuando me di cuenta la figurilla colgaba de mi cuello.

July 5, 2011 11:00 am

El día que fui hombre (Primera parte)

Ese día desperté y tenía ambas piernas entumidas, esperé recostado en la cama a que mi cuerpo despertara por partes. Miré el techo de la habitación, tan cambiado a mis nuevos ojos, me asombrada como era el nuevo mundo para ‘mi yo hombre’. Me levanté en dirección al baño y mis nuevas piernas peludas y más largas me hicieron perder el equilibrio. No hubo otro remedio que arrastrarme hasta el baño. Abrí la regadera y mientras el agua se calentaba, me levanté del suelo y miré el espejo. Un joven con la barba crecida, el cabello enmarañado y el cuello adolorido, me sonreía como idiota desde el reflejo. Entré a la regadera y me bañé con el agua casi hirviendo, usé el rastrillo en mi rostro por primera vez en mi vida. Me llevé algunos cortes.

Salí del baño y caminé hacia el ropero… ‘¡Maldita! sea ni un jodido pantalón’ Recordé uno que había usado antes, pero no recordaba donde lo había guardado; lo busqué en el armario, debajo de la cama, en la ropa sucia, en la sala… Lo hallé entre unas bolsas de basura. ‘Jamás debí deshacerme de esto…’ corrí semidesnudo a la alcoba, me puse el pantalón y una de mis playeras gigantes. Observé insatisfecho mi nuevo reflejo, los cortes de mis mejillas no me hacían lucir mejor.

Salí al ambiente soleado. Era mayo. Caminé al supermercado, debía llenar mi alacena y adquirir utensilios para mi nuevo estado. Mientras pasaba por los pasillos, me topé con un espejo, ‘ah… cómo extraño mi cintura’ suspiré. Me quedé mirando la proyección de mi reflejo, él nuevo yo que se mostraba enfrente,  cuando una chica se acercó a mí, su escote provocativo llamó mi atención, pero volteé a otro lado recordando el mío.

Una chica alta, tal vez de un metro y sesenta centímetros, complexión esbelta, piel clara y cabello rojizo teñido. ‘¿Acaso no te conozco?’ me dijo. Negué temeroso, tal vez me sonrojé, me palpitaba rápido el corazón y intenté respirar frente a ella aún y me di la vuelta apresurado, buscando alejarme. Ella me siguió sin ninguna discreción. Pensé en alguna forma para deshacerme de ella, caminé apresurado buscando un pasillo comprometedor y comencé a comprar para dos (desodorantes, champú, toallas…) cosas que delataran una relación de pareja que no tenía. La chica, que aún me seguía, captó el mensaje y se alejó poco a poco. Aliviado, me dirigí a la caja, pagué y me fui a casa.

El camino de regreso fue fácil, mi nueva fuerza adquirida me permitía cargar varias bolsas con una sola mano, me sentía tan diferente y renovado que decidí caminar hasta mi casa. Todo parecía brillar hasta que el chico con el que salía siendo mujer me llamó. Entré en pánico al ver su nombre en la pantalla del aparato; decidí contestar, un ‘hola’ basto, ‘entonces… este es el fin. Adiós’ me dijo y colgó. ‘Vaya hombre’ pensé ‘si se hubiera tomado la molestia de comprenderme…’ Contacté a mi amigo más cercano, le pedí nos reuniéramos en mi casa y corrí hacia mi cautiverio.

June 26, 2011 11:52 am

Envuelta en polvo

Hace casi veinte años que no saco los cachivaches que invaden mi habitación, y es algo tan importante como limpiarse las orejas y el ombligo. Al final fue culpa mía dejar acumular tantas cosas ¿por dónde empezar? ¿Las cajas de mi infancia, los cajones rellenos de mis recuerdos amorosos o las pelusas de vergüenza debajo de la cama?

Temo mover las cosas de su sitio y provocar una avalancha que me deje sin memorias, tengo miedo que al abrir y entre ver en los cajones estén desteñidos o hechos polvo.

Me armo de valor tomo una bolsa y comienzo la penitencia. Mi primer juguete, se queda; la primera caída, se queda; mi primer amor, a la basura… Me detengo ahí (¿alguna vez se preguntaron porque las mujeres nos demoramos en todo lo que hacemos?) Comienzo a recordar, lo que más extraño es su aroma, no lo negaré. Me pregunto si sabrá dónde y cómo estoy ahora ¿me recordará?  ‘¡Detente!’ Me grita el gusano de mi mente; para qué torturarme, seguro no me espera… y es lo menos que yo esperaría de él, la verdad me encantaría que me haya olvidado.

El amor… alguna vez me enamoré y le dediqué mis alegrías a otro ser, qué tiempos aquellos, esa sensación desagradable y placentera a la vez se producía en mi vientre cada que lo miraba; la taquicardia, el rubor natural de las mejillas, la sonrisa idiota veinticuatro horas al día. Así fue, y no sé volverá a repetir, no de la misma forma, pero ahora debo esperar…

Esperar, mi vida entera he esperado; esperaba que mi cuerpo creciera para sentirme una mujer completa, la temporada de lluvias, la vejez para tener derecho a morirme, el amor de algún incauto que no me encontrara desagradable, el cariño de la gente. Me quejo de este mundo enfermo que no me da lo que necesito, que es veloz y aún así nunca logro adaptarme a él. ‘El mundo me repele’ ‘¡Qué novedad!’ otra cosa más que puede dispensar de mi presencia, va a la lista de cosas que debo olvidar que tengan consideración conmigo.

¿Por qué el destino me puso en un lugar donde nadie parece comprenderme? Me habré equivocado por algunos miles de kilómetros, tal vez unos cuantos asteroides a la derecha, otra constelación, un planeta diferente donde un ser como yo siente lo mismo ‘¿y si cambiáramos lugares?’ seguro sería la misma porquería en un lugar diferente, al final tal vez no somos aptos al mundo, hacer uno ‘si, la solución viene en camino’. Un planeta diferente plagado de gente que como yo siente no encajar en otra parte, que ha esperado toda su vida que la felicidad lo aborde y se quede ahí. Felicidad… curioso término para algo tan efímero, pero después pensaré en eso; son más de las diez, el sol ya sé fue y las ganas de seguir ordenando mis memorias también. Tal vez mañana me aventure en otro cajón e intentaré no dar rienda suelta a el recuerdo, para poder terminar mi tarea, algún día…

 

June 19, 2011 8:39 pm

Poema 26

Amiga mía, ¡muérete! / y déjame vivir sin ti una semana / siete días de agonía compartida o solitaria / un par de días para reflexionar sobre mi vida / y el resto para desahogarme entre lágrimas.

Déjame sufrirte, cual tragedia griega / desaparece pero no me olvides deprisa / tómate tu tiempo, pues la vida es un proceso / y la muerte es lo mismo, pero más lento.

Que cuando te extrañe / te alcanzaré en el remanso de tu muerte / te buscaré en cada obscura cripta, en cada cuerpo putrefacto. / Hasta encontrar la última sonrisa que me diste / aquella extraña mueca que confundí con alegría. / Y ya listo para dejar el mundo / buscaré a mi vez un agujero profundo y frío / donde pasar mis últimos días rodeado de gusanos / esperando ansiosamente el momento de nuestro reencuentro.

Pero amiga mía, muérete mañana / lo más pronto posible, cuando te dé la gana / pues yo en tu muerte podré amarte a mí manera / como no he de poder hacerlo mientras estés viva.